La directora de la revista Granta en español, Valerie Miles (Nueva York, 1963), ha consagrado toda su vida a la literatura. Desde su llegada a España, hace más de 30 años, ha participado de casi todas las facetas posibles dentro del mundo de las letras, como periodista, editora, escritora, crítica y traductora, lo que la convierte en una voz influyente dentro del mundo literario.

En esta ocasión, Miles destaca la importancia de visibilizar las nuevas perspectivas literarias a propósito de la reciente selección de Mejores narradores jóvenes en español que Granta publica cada diez años. También comparte su visión sobre la literatura contemporánea y sus lecturas. En su lado más personal, se declara admiradora de los autores de la Generación Perdida estadounidense, en quienes considera verse reflejada. En la actualidad trabaja en una traducción al inglés del libro Borges de Adolfo Bioy Casares.

Conocemos el impacto mediático que tuvo la primera lista de Mejores escritores jóvenes en español de Granta en 2010. En el caso de esta edición, nos encontramos con un mundo que ha cambiado de manera repentina a causa de una pandemia. ¿Qué cambió en Granta con respecto a la selección de 2010?

El gran cambio fue tener que recibir todo en formato digital. Debido a la pandemia nos resultaba inviable que los autores pudieran enviar ejemplares físicos de sus libros a la sede, de modo que creamos una plataforma de recepción a través de la página de Granta con la ayuda de Ángel Fernández, de Jot Down. Y de esta forma, pudimos llevar a cabo nuestra tarea, y también hacer llegar los materiales a los del jurado. Entraron muchas obras de lugares que antes no recibíamos, y eso me alegró mucho. Comparado con la selección de 2010, donde la mitad venía de España o Argentina, esta vez no fue el caso, aunque España sigue siendo el país desde donde recibimos más candidaturas. Pero entraron muchos autores de diversos países y logramos llegar a más personas. Ya no es necesario estar en un centro de poder o tener el mejor agente para darte a conocer como escritor.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención de la selección?

Entre muchas curiosidades que llamaron mi atención está el hecho de que tres escritores decidieran escribir sobre estatuas. Los he agrupado en el número y lo llamo la suite de las estatuas en tres movimientos. Se puede sacar un análisis jungiano de todo esto. Otros aspectos que repiten son la figura de la abuela y el fluir de los géneros de los narradores. Escritores narrando como escritoras, en el caso de Martín Felipe Castagnet, una mujer trans. También me pareció muy interesante recibir varios textos sobre niños desamparados y sobre la crueldad por parte de los niños. Además de eso, hubo mucha presencia del humor. Esta generación está utilizando el humor en muchas formas diferentes, desde la parodia, la sátira, el sarcasmo hasta la pura comicidad.

Por otro lado, creo que Bolaño ha tenido un efecto muy grande sobre varios de estos escritores. No veo a esta generación siguiendo a la generación de escritores del Boom latinoamericano. Yo creo que si hay algo importante en este número de Granta es que hemos encontrado un panorama muy abierto.

Pese al perfil diverso de la lista, en algunos medios se ha hablado mucho del tema de las nacionalidades de los autores, cuestionan la presunta omisión de algunos países…

La lista trata de escritores, no de países. Luego el hecho de valorar la procedencia de cada escritor es una curiosidad que nos puede permitir decir: hay una serie de escritores saliendo de tal país. Nosotros estábamos buscando escritores, autores que no estuviesen creando productos para Instagram o para vender su perfil en Youtube. Evaluamos la originalidad, conocimiento del lenguaje, conocimiento de la técnica y lecturas. La serie de criterios con la que estuvimos trabajando nada tiene que ver con la procedencia de la persona.

Lo que más me duele es que las personas que hacen estas críticas no leyeron la revista, por lo que no entendieron su misión en absoluto. Esta selección de Granta, que solo sale una vez cada diez años, no es una antología, es, repito, una selección de escritores que tiene 40 años de historia y jurados de muchísimo prestigio. Tenemos nuestras pautas y nuestros procedimientos que no podemos cambiar porque entonces no podríamos comparar. Es un experimento científico, incluso admitiendo la arbitrariedad de los gustos del jurado, pero no es una antología. En el proceso de selección no nos importa de dónde vienen los textos, no miramos género, no miramos sexualidad, miramos autores que vivan la literatura y sientan la literatura. Con estos elementos ofrecemos un retrato sobre la realidad de nuestro mundo sin incidir sobre ella.

En el prólogo de la selección de autores te refieres a evitar textos con violencia gratuita e historias sobre «chicos en el burdel».

En lo que se refiere a la violencia, puedo insistir en la palabra gratuita. Nosotros estábamos buscando originalidad, y si la violencia o la sexualidad nos viene desde una mirada nueva y con un propósito estético necesario, pues vale, pero a menudo el sexo y la violencia extrema que encontramos seguían unas pautas ya muy trilladas y pasadas de moda. Ya hemos estado aquí antes y resulta cansino, aburrido, como bromas de abuelo que aún no se entera que el mundo ha cambiado. No, buscamos noticias de los mundos no cantados, nuevos, desconocidos, miradas originales incluso en la misma cotidianidad.  Hubo escritores que nos enviaron textos muy buenos pero que tocaban temas anticuados desde la misma mirada de siempre, y parte del trabajo que estamos haciendo en Granta tiene que ver con acertar en el tiempo. Nosotros estamos explorando una generación, el inconsciente colectivo, lo que está brotando allí. Fíjate donde estamos como sociedad que podemos decir que esto pasó de moda. Y veo escritores indagando sobre temas muy interesantes que antes no habían sido explorados.

Un tema ineludible de esta generación es el lenguaje inclusivo y Paulina Flores, una de las escritoras de la lista, lo usa en su narración, ¿qué postura tienes ante esto?

Para mí el lenguaje existe para que lo usemos. Paulina Flores está representando claramente un tema que estamos tratando y hablando hoy en día. Su generación está debatiendo un tema enorme que tiene que ver con el lenguaje. Y el lenguaje cambia. En el inglés que hablamos hoy en día, por ejemplo, hubo un cambio radical con respecto a la Edad Media, porque cambiaron las vocales. Incluso, hay un momento en la historia del inglés que se llama el Gran desplazamiento vocálico. El lenguaje es como nosotros nos expresamos y tiene que expresar la realidad de los tiempos en los que vivimos. Y si estamos empezando a preguntarnos acerca del género entonces tenemos que empezar a experimentar con la posibilidad de romper la dicotomía en el mismo lenguaje. Existen otros idiomas. ¿Por qué estamos tan cerrados de mente que no podemos pensar en experimentos? ¿Qué nos va a pasar si experimentamos con el lenguaje y encontramos una tercera vía, una quinta vía? No tenemos ninguna razón para ponerle una camisa de fuerza al lenguaje. No entiendo por qué la gente tiene que censurar posibilidades. Ella lo está tomando desde un punto de vista estético y está llevando a los lectores a reconsiderar el lenguaje una vez que estamos leyendo este texto que nos obliga a entender un nuevo idioma, aunque es nuestro idioma. Y con ello está creando algo nuevo y es justamente en Granta lo que estábamos buscando: la originalidad. la novedad, la gente que está empujando cosas a otros lugares.

Otro aspecto llamativo en la selección de la revista fueron los regionalismos, autores escribiendo con muchos giros lingüísticos y jergas locales.

Desde la revista nos parece que en esta generación se han perdido los complejos de tener que neutralizar el sonido de los idiomas para que no tengan los registros locales. Lo hemos visto, no solo desde los personajes dialogantes del relato, sino también desde el narrador. Se puede oír a lo largo del texto que un narrador es, por ejemplo, cubano. Lo que nos lleva a decir que se han perdido esos complejos. Después de todo, ¿quién no entiende a Cabrera Infante, aunque no sea cubano? Granta también surge de esa misma inconformidad de la literatura que busca plasmar un momento en el tiempo. Y plasmar el lenguaje atestigua un momento en el tiempo, así como plasmar esa riqueza es el propósito de la literatura.

De alguna manera las listas siempre son un éxito mediático por todo el debate y el interés que generan… ¿se vienen más listas?

De momento, no. Cada número que hacemos de alguna manera es una selección, pero no una selección de mejores escritores jóvenes. Eso lo volveremos a hacer en diez años, como acostumbramos. Nuestros compañeros de la revista en versión inglesa están encantados con esta última selección de Granta en español que ya ha sido traducida al inglés y al italiano, también ha salido una versión audible y seguiremos publicando nuestros números monotemáticos, y como te decía hemos recibido mucha atención a nivel internacional. Además, la revista en inglés está interesada en aumentar la cantidad de escritores hispanos que publican gracias a esa clara muestra de interés por parte de los lectores anglos.

¿Granta tiene pensado apostar por más géneros literarios?

Sí. Aunque nuestro propósito sigue siendo obra de la imaginación, sea ficción o no. Pero nos interesa también el ensayo literario, es decir no crítico, sino crónica, en el que está presente el yo del autor. Nunca ensayo académico ni reseñas de libros. A mí me gusta decir que nosotros publicamos el sueño, no las notas del sueño.

En cuanto a la poesía hemos estado abriendo un poco esta puerta. No lo hacemos siempre, pero hemos empezado a publicar poesía en los últimos números de la revista, por ejemplo, a Olvido García Valdés, Raúl Zurita, Ida Vitale, César Antonio Molina, Tedi López Mills… y recientemente en la web, una sección que se llama «Oddly», publicamos la obra de una poeta chilena llamada Natalia Figueroa.

Yendo a un plano personal, ¿cuáles son tus mayores influencias literarias?

Mi libro de cabecera y amor de amores es Moby Dick, de Herman Melville. Es mi Harvard y mi Yale. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar a los clásicos griegos y romanos (estoy con Píndaro ahora, uno de los preferidos de Harold Bloom, pero me encanta el travieso de Arquíloco) y al Quijote, que amo. Pero leí a la Generación perdida en general durante una época clave de mi vida, a Hemingway, Fitzgerald, y un poco más joven que ellos también al renegado Paul Bowles… pero principalmente, por ser mujer y de mi generación, te diría que la que más influyó en mí fue Gertrude Stein. Si bien, yo disfrutaba mucho con Hemingway o Fitzgerald, ellos no me daban un modelo de vida literaria de una mujer expatriada que participaba activamente en la vida cultural de su tiempo, y Gertrude Stein sí me lo dio. Cuando la leía apreciaba su experimentación con el lenguaje, empleaba técnicas muy vanguardistas que todavía no se aprecian lo suficiente. Y al igual que con Stein, con Paul Bowles aprendí que se podía participar en la literatura desde la extrañeza, desde la perspectiva de quien está viviendo en un país diferente al suyo, con una mirada tangencial, de modo que para mí Paul fue un mentor literario, con quien tuve la suerte de compartir una relación epistolar y visitar en Marruecos. En su casa conocí a Rodrigo Rey Rosa por primera vez.

¿Qué lecturas has frecuentado últimamente?

Mis lecturas contemporáneas han sido muy excesivas este año, ¡podríamos decir unos 200 jóvenes! Recientemente he estado leyendo: Mona de Pola Oloixarac; Atila de Javier Serena; Los cuentos de Lucia Berlin (aunque sé que está muerta, no importa, es más contemporánea que muchos escritores jóvenes); Esperando a los bárbaros y otras obras de John Coetzee; Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas; El reino de Emanuel Carrère; Canto yo y la montaña baila de Irene Solà; Angels & Saints de Eliot Weinberger; Nadie me verá llorar de Cristina Rivera Garza; L’usage de la photo de Annie Ernaux; Lamento lo ocurrido, de Richard Ford; Los días del abandono, Elena Ferrante; y la obra de Otessa Moshfegh. También están el loco de Jesse Ball que me encanta, la ensayista Judith Thurman y la irrepetible Mary Karr; el ensayo Arte y ficciones del tiempo sin tiempo de Graciela Speranza, La visión abierta de Victoria Cirlot; y la monumental trilogía de Las Partes de Rodrigo Fresán. Me toca en breve la novela de Chloe Aridjis, Monstruos marinos. Muchos ensayos sobre el arte de las vanguardias, sobre los surrealistas, etc.

Y mis relecturas son de Calvino, Burroughs, Nabokov, Narval, Lispector, Philip Roth, Dorothy Parker, Silvina Ocampo, Borges y Bioy, Bolaño, estoy a punto de entrar por primera vez en Elena Garro. También estoy leyendo a varios filósofos: estoy con Schopenhauer, Emerson, Merleau-Ponty y Bachelard ahora, y teóricos a los que acudo a menudo. También he estado leyendo a Dalí.

¿Algo de poesía?

Estoy frecuentando últimamente: Aurelio Major, Pródromo; Confía en la gracia de Olvido García Valdés, las obras de Robert Duncan, Gary Snyder, John Ashbury, Juan Eduardo Cirlot, Mexico City Blues de Jack Kerouac, la obra de Ida Vitale, y la de Idea Vilariño.

¿Cómo ves tú el presente de la literatura?

En contraste con la creencia de que la literatura ha pasado a un segundo plano o que todo el mundo quiere ver películas, que nadie quiere leer, que las bibliotecas se pierden, que la gente ya no tiene capacidad de atención o que los jóvenes no se interesan por lo literario, yo lo que veo es que la literatura sigue siendo esencial, y sigue habiendo gente que vive en la tradición del literato puro, y los jóvenes siguen leyendo a los clásicos. Creo que hay una generación ahora que lo está demostrando, tengo mucha esperanza en lo que está saliendo de esta generación. Yo me siento felizmente reflejada en ella.

Por José del Prado

Periodista y escritor