Remei González Manzanero (Barcelona, 1990) es una joven poeta catalana cuyo nombre ha irrumpido en el mundo literario a propósito de sus dos más recientes galardones, el XVI Premio Águila de Poesía y el II Premio La Equilibrista, por los poemarios titulados La verdad que no vemos (2020) y Habitantes de un paraíso minúsculo, respectivamente. La artista, graduada en filología hispánica, también es autora de los cuadernos de poesía La confesión de la carne: desdenes del vacío (2017) y El mundo de las almohadas (2017).

¿Qué piensas sobre el papel de la poesía en la promulgación de cambios sociales y políticos? ¿Debe ser ese el papel que adopte el arte ante la sociedad?

La poesía puede ser una herramienta de denuncia ante la injusticia y la frivolidad y contribuir a cambios sociopolíticos, pero no creo que sea imperativo, no creo que el arte deba adoptar necesariamente ese papel. En términos generales, pienso que la respuesta a lo inicuo y a la incertidumbre en la que vivimos no debe ser nunca la indiferencia, pero por otra parte creo que la poesía sirve a distintas pulsiones y causas y que la denuncia y promulgación de cambios pueden hacerse por otros medios, que probablemente estarán permeabilizados por lo que el arte ejerce en nosotros.

En mi caso, concibo la poesía prácticamente como un mecanismo orgánico y necesario de expresión de lo íntimo, como una vía de encuentro con uno mismo. O al menos ese es mi punto de partida. Ahora bien, parte de los cambios sociales y políticos nacen de distintas maneras de percibir la vida y entender al ser humano (en su individualidad y en su colectividad) y, en este sentido, incluso una poesía introspectiva con el foco puesto en la individualidad puede funcionar también en esa línea o hacer ese tipo de contribución al entrar en diálogo con el mundo. Eso sí, sin caer en un ensimismamiento al margen de todo porque, en definitiva, no somos impermeables a nuestro contexto.

Tu poesía tiene un perfil más intimista…

Sí y no, es justamente lo que comentaba. Gran parte de mi tarea poética consiste en indagar en lo interno y canalizarlo a través del verso. Para mí, la poesía habla el lenguaje de la soledad, del recogimiento, pero a la vez soy muy consciente de la importancia del encuentro y el diálogo con el otro. Algunos de mis poemas, aunque surgen de esa raíz intimista, recogen experiencias y maneras de sentir de los demás e incluso algunos tratan directamente episodios de violencia, que, aunque sean tratados desde esa raíz sin serme propios, pasan a convertirse prácticamente en denuncia, excediendo los límites de lo introspectivo. A propósito de esto, hace un tiempo que tengo en mente dirigirme hacia un trabajo poético con el dolor de los demás y escribir desde ahí, desde ese lugar,  con el fin de visibilizarlo y romper visiones estigmatizadoras, pero es un proceso arduo al que todavía no me he abocado.

¿Qué tan importante son las formas en tu lenguaje poético? ¿Tiene para ti vigencia el soneto o, por el contrario, es un limitante innecesario?

La forma es fundamental en el lenguaje poético; mejor dicho, lo es la relación entre el contenido y la forma que le da cabida y lo vehicula. No existe fondo sin forma y viceversa. Ahora bien, cuando hablamos de forma, solemos pensar en la métrica clásica, pero ya dejamos atrás un siglo donde de esto se hizo más que ponerse en tela de juicio. No condeno el uso del soneto, ni de la lira, la décima o la octavilla; tampoco condeno el cómputo silábico exacto y bien medido, faltaría más, pero a la vez no soy purista. De hecho, centrándome en la pregunta, un soneto puede tener vigencia, por supuesto que sí, según su fondo y según el contexto. También yo de adolescente empecé a escribir sonetos (malísimos, eso seguro) y es un ejercicio excelente. Sin embargo, prefiero vehicular mis ideas poéticas desplegando otros recursos y trabajando el ritmo (en realidad, su ruptura, me dicen a veces). Podemos entenderlo como ruptura o como ampliación del repertorio de formas. No olvidemos que el verso libre tiene ya un siglo y medio y que la irregularidad métrica y la ruptura del ritmo son también parte del lenguaje poético, especialmente cuando la regularidad se busca por otros caminos.

Eso sí, no puedo guardarme de decir que, aunque el poema (o su contenido, vaya) se haya liberado, por decirlo así, de la versificación clásica y a veces esta se vea como un corsé, también digo que un conjunto de palabras bonitas con intención de profundidad no lograda no forma por sí mismo un verso, como tampoco lo hacen siete oraciones tabuladas que expresan sentimientos.

En 2011 publicaste un fotopoemario llamado Puzzle berliniano, que tú misma produjiste y autoeditaste, ¿qué puedes decir de esa experiencia?

Es una experiencia que me queda algo lejos. Lo escribí en un mes y nació de un poema breve que fue haciéndose grande a sí mismo, de forma orgánica, y recoge una experiencia de crisis existencial vivida en Berlín cuando tenía 20 años. No fue mi intención inicial hacer un fotopoemario ni tampoco después lo divulgué, pero se hizo a sí mismo y funcionó ya no en paralelo con esa experiencia vital, sino como experiencia en sí misma.

Háblame sobre tus cuadernos de poesía: El mundo de las almohadas y La confesión de la carne: desdenes del vacío.

Tengo dos cuadernos de poesía. El mundo de las almohadas es un cuaderno en folios doblados, cosidos a mano, con doce poemas y dos índices distintos. Lo autoedité por compartir los poemas que consideraba definitivos con mi círculo poético más cercano. La experiencia me gustó mucho porque lo hice todo de principio a fin y como yo quería, con las herramientas de las que disponía (por ejemplo, lleva por portada la foto de un dibujo que hice en tizas pastel) y sirvió a su propósito.

La confesión de la carne: desdenes del vacío tiene una historia distinta. Es una serie de poemas, de exactamente 200 versos distribuidos en 10 poemas, definitiva y sin pretensiones, que necesité soltar en un momento dado. Puede leerse gratis online, aunque no la he distribuido con el mismo afán que el otro cuaderno. En ambos casos, no sentí la necesidad de extenderlos y decidí que permanecieran como cuadernos de poesía en lugar de incluirlos forzadamente en poemarios futuros o de reconvertirlos a libro.

Tu último poemario, La verdad que no vemos ha hecho que tu nombre aparezca en algunos medios a propósito del Premio Águila de poesía que has ganado. ¿Cómo te has tomado esta premiación y en qué puede afectar a tu literatura la consecución de un premio a corto plazo?

Primero, con gran sorpresa; después, con enorme agradecimiento. No olvidaré jamás mi agitación y asombro al recibir la noticia. Viendo lo que ha ido sucediendo hasta este momento, lo que más valoro del Premio Águila y de la labor de las personas detrás de él  es su alcance de distribución (900 ejemplares) y hacia donde la dirigen: bibliotecas, centros culturales y poetas e interesados en poesía. Es brutal y fue por este motivo que me presenté. Que mi poemario lo ganara me ha regalado conversaciones maravillosas y gracias a él he conocido voces poéticas que probablemente no hubiera conocido. A la vez, me ha servido para consolidar mi inicio como poeta, aunque antes ya lo fuera, y como acicate para seguir esforzándome en trabajar en mi voz poética. Digamos que ha sido un trampolín para compartir mi poesía más ampliamente y me ha dado confianza para hacer llegar a los demás y difundir lo que escribo.

Tú, que eres catalana, ¿cómo ves el debate de la lengua en Cataluña? ¿Escribir en castellano puede asumirse como tomar una posición ante el tema?

Simple y complicado a la vez. No querría alargarme entrando en el tema desde una perspectiva sociolingüística, que es desde donde lo abordaría profesionalmente hablando. Así que, como poeta y respondiendo directamente a la pregunta diré que no, que escribir en castellano no es una toma de posición ante este tema. Escribo en castellano porque escribo en mi lengua nativa: es la lengua que hablo con mi madre, la lengua en la que generalmente pienso y a través de la que siento de una determinada manera. Si me posicionara, defendería la libertad de escribir en la lengua que se quiera. Cuando necesito escribir poesía en catalán también lo hago y culturalmente convivo con escritores que escriben en catalán, porque no establecemos esta distinción de lenguas cuando nos compartimos a través de la poesía. Soy bilingüe, de lengua, de cultura y de sentir.

¿Qué relación tienes con la narrativa? Entiendo que, de momento, tu obra solo se ha ceñido a la poesía…

Pues, en realidad, empecé con la narrativa y escribí o traté de escribir cuentos algunos años, que no publiqué más que en un blog y que tampoco alcanzaron la calidad suficiente. En cualquier caso, la poesía fue ganando su espacio en mí y tomando su propio camino. Es poquísima la prosa que escribo ahora, aunque, en cambio, disfruto mucho leyendo novelas y relatos. Sin embargo, cuando entramos en el terreno de la creación, escribir poesía es muy diferente a dedicarse a la narrativa. Sin ser excluyentes y aun compartiendo su materia prima, poesía y narrativa suelen funcionar en territorios distintos: con la poesía me sitúo buscando la trascendencia, espiritualmente hablando, podríamos decir; la narrativa, en cambio, responde a otras necesidades y requiere otra técnica, de la que ahora no me ocupo, aunque quién sabe si en unos años necesitaré expresarme desde ahí y me aventuraré a escribir un libro de relatos.

¿Sientes que tu producción poética deriva de alguna corriente específica? Podemos hablar de autores que te han influido y también de los que procuras mantenerte alejada…

Bueno, por supuesto tienes siempre autores de cabecera y después poetas a los que lees y absorbes y que, aunque luego no vuelvas a ellos, quedan impregnados en ti. Por ejemplo, los poetas de referencia a los que siempre vuelvo pertenecen a la Generación del 27 y a la del 50. En particular, vuelvo siempre a Pedro Salinas, especialmente a Largo lamento; a Luis Cernuda y después a Ángel González. Por otra parte, entre los poetas que lees, absorbes y de los que aprendes (vuelvas a ellos o no), le debo mucho a los clásicos hispánicos. Mencionar nombres siempre se me hace difícil y nunca tendremos el tiempo suficiente para leer todo lo que quisiéramos y menos para recordarlo, ¡ojalá! Me es más fácil decir lo que estoy leyendo ahora: la poesía de Piedad Bonnett me está atravesando las entrañas y a la par ando indagando un poco en la nómina de Las Sinsombrero, especialmente Ernestina de Champourcín, y profundizando en Robert Frost.

Bueno, ya por último, como comentas, luego hay autores de los que te mantienes aparte.  No daré nombres porque a lo que yo le ofrezco una crítica feroz posiblemente conmueva a alguien y supla necesidades estéticas o de otro calado que a mí se me escapan.

¿Cómo ves la actualidad poética española, por un lado, e hispana en general?

Pues soy de las que cree que la poesía actual en español goza de buena salud, aunque esta pregunta tiene doble respuesta u obliga a hacer matices. En general, hay de todo, como en todo, pero, dentro de que la poesía se considere un género menor, hay un buen número de poetas y poesía de calidad, también mucha variedad. Sin embargo, y aquí vienen los matices, en nuestro modelo de mercado editorial y de ocio cultural a menudo se visibilizan obras al margen de su calidad y, viceversa, se dificulta la visibilización de grandes voces que acaban relegadas por lo menos a un segundo plano. Aparte, la poesía se ha convertido en superventas e inunda las redes, lo cual acarrea ciertas consecuencias, positivas y también negativas. En otras palabras, la fama puede ser equívoca y a veces la poesía se mide de forma cuantitativa, por cifras que poco o nada tienen que ver con la honestidad y la labor de los poetas. En cualquier caso, hay increíbles joyas en el océano del panorama actual, hagan el ruido que hagan, y vivimos tiempos en los que es maravilloso poder acceder con tanta facilidad a tanta amplitud y variedad poéticas. Yo me oriento más hacia una poesía que, siendo entendible, no deje atrás y mucho menos ignore la tradición literaria y rehúyo especialmente del grito poético visceral que no lleve una labor detrás ni una reflexión ética. Pero bueno, en cualquier caso, para gustos estéticos, colores.

En cuanto a tu actualidad creativa, ¿se viene más poesía?

Sí y bastante pronto: a finales de año saldrá publicado mi segundo poemario, Habitantes de un paraíso minúsculo, que fue premiado en un certamen convocado por la editorial La Equilibrista. Este libro fue, de hecho, cosechado en la misma época que La verdad que no vemos, pero abordo en este un tema muy distinto: el amor, en particular, la fragilidad de los amantes y el vaivén entre la necesidad del encuentro con otro y la necesidad de mantener la esencia de quienes somos.

También, y ya para terminar, no puedo dejar de decir que tengo un poemario escrito antes de estos dos y al que no le cambiaría un solo verso, pero todavía lo guardo en un cajón. Quizás más adelante.

Por José del Prado

Periodista y escritor