Norberto José Olivar es uno de los escritores más importantes de Venezuela, mejor conocido por su novela Un vampiro en Maracaibo; en este año post apocalíptico de 2021 ha publicado otra novela, El oscvuro señor V, de la cual nos ocuparemos muy pronto. En esta ocasión hemos desempolvado del baúl una entrevista escolar que data del lejano año 2017, cuyo fin puramente universitario puede notarse en la unidireccionalidad de las preguntas.

Usted ya publicó con Alfaguara, que no es poca cosa, otras editoriales tradicionales también han recogido su obra, ¿ve útil en estas instancias de su carrera el recurrir al autofinanciamiento o autopublicación? ¿Le ayudó en algún momento?

Yo financié mis primeros libros. Pero la autopublicación hace que la circulación del texto no sea muy buena. No obstante, acepto que es un proceso divertido y grato disponer uno de todo. Sin embargo, llegó un momento en que ya no pude seguir costeando el asunto. Alfaguara buscaba autores venezolanos (para una antología) y entregué un cuento sobre el poeta Ismael Urdaneta. Este relato obtuvo buena crítica, de manera que la misma editorial me invitó a presentarles un trabajo inédito. Yo acaba de concluir Un vampiro en Maracaibo y se los entregué. Para mi sorpresa, gustó mucho y la novela ha tenido varias reediciones y hasta una versión cinematográfica que se estrena en junio de 2018. Esta novela abrió las puertas a otras editoriales: Bruguera, Santillana, Loqueleo, Lugar Común y la propia Alfaguara, por supuesto. Pero nada de esto habría sido posible si yo no hubiera publicado mis primeros libros a cuenta propia. Un dato: la primera edición de El fantasma de la Caballero lo hice de mi bolsillo. Las reediciones que le siguieron, y que aún hacen, son de la editorial Santillana. Es una novela que se ha leído tanto o más que el Vampiro, pero yo no habría logrado esto sin el apoyo de una editorial profesional. A pesar de esto, confieso que la autopublicación es siempre una tentación y si pudiera, sacaría algo por mi cuenta. De hecho, algunos libros que han sido liberados (derechos), por las editoriales, lo he colgado en Amazon, que es otra posibilidad para la aventura editorial. Ahora estoy reuniendo relatos y artículos para publicarlos en esta plataforma.

¿Es posible —realmente posible— publicar en una editorial tradicional, si te llamas Juan Pérez, por ejemplo, y escribiste una novela sobre las minas de carbón en la península de la Guajira y no te conoce nadie? ¿Qué hay de cierto en el “mito” de llevar tu manuscrito bajo el hombro y presentarlo en la oficina de la editorial?

Las editoriales son como los equipos de béisbol norteamericanos, no importa quién eres, ni de quién eres hijo, primo, sobrino, a lo que sea,  si sabes jugar y necesitan un jugador con tus características, te contratan. Eso no significa que todos los buenos jugadores entran a las Grandes Ligas. La idea va por ahí. La editorial busca lo que necesita. Basta pensar en que Barral rechazó Cien años de soledad. Hay muchas historias como estas, no sé si todas son reales, pero ilustran bien este problema. Creo que, a la final, los temas no importan sino la forma en que se narran y el estilo narrativo, eso es lo más importante. No tiene que ver que cuentes algo local sino que seas capaz de transformar eso en tema de interés universal. Entonces, al menos, leerán tu manuscrito.

Se habla mucho de las editoriales independientes como sinónimo de genuinidad artística y desapego lucrativo, pero cuando vemos la baja calidad de algunas publicaciones (encuadernación, diagramación, contenido) contrastada con la proliferación de sus actividades y la cantidad de sus noveles escritores, es justo sospechar que la publicación en sí misma dejó de ser un medio para convertirse en un fin: el publicar por publicar. No sé si a eso aún le podemos llamar ars gratia artis o más bien es la antítesis. ¿Hay en las publicaciones independientes un fin más allá de la vanidad o el estatus social que implica llamarse escritor? ¿No son las etiquetas de “cultural”, “folklore”, “no comercial”, un escudo para publicar “lo que sea”?

De ese tipo de consideraciones, sospechas y males nunca nos libraremos, pero descontando lo que ya te he dicho, el libro como tal es, también, un producto estético y comercial. Y hasta los lectores más radicales agradecen el cuidado de una edición.

Por José del Prado

Periodista y escritor