Natalia Figueroa Gallardo (La Serena, 1983) es una poeta y traductora chilena. Su primer poemario Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo fue reconocido en su país como la Mejor Obra Literaria publicada en poesía durante el 2015. Ha traducido desde el griego moderno Canción de mi hermana de Giannis Ritsos y Frente al muro de Miltos Sajturis. El año pasado publicó segundo libro de poemas Experimentos acerca de la repetición de los días.

Tu libro de poemas Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo (2014) ha bastado para convertirte en una especie de autora de culto en Chile. ¿Qué se siente estar en ese lugar?

“De culto” es una expresión desproporcionada, sobre todo habiendo tanta autora excepcional y de mayor trayectoria en Chile. Entiendo que tuviste en cuenta una entrevista que me hicieron para la web de Fundación Neruda, realizada por una persona que gusta de halagar y que en ese contexto, utilizó la frase “de culto”. Por otra parte, esta expresión está banalizada en el habla común. Yo la asocio mucho con la comunidad hipster burguesa. De culto puede ser un tipo de chasquilla o unos pantalones que ayer jamás se hubieran usado y que tampoco se usarán mañana.

Hablando ahora de mi libro, creo que su título fue un acierto, en el sentido de que llama la atención antes, incluso, que sus poemas. Mi mirada hacia este mi primer trabajo es cariñosa: considero que tiene un par de poemas buenos, pero que sólo el futuro dirá los derroteros que tome su autora para poder ser o no considerada.

Dices que la poesía es la posibilidad de no mentirte, en palabras llanas: es una confesión. ¿Has descubierto cosas inesperadas?

Frente a la pregunta de qué significa para mí la poesía, entre otras cosas respondí, en la entrevista que he mencionado, que  la poesía, “es una posibilidad de no mentirme, de no querer pasarme de lista, de ser honesta, en primer lugar conmigo”. Pero no hablé de confesar ni creo que sea lo mismo. Más que nada, al decir lo que dije estaba pensando en la poesía como una manera muy peculiar de ser verdadera, o de tratar de ser, filosóficamente incluso, quien yo quiero ser.

¿La vanidad también es un elemento fundamental para el artista?

Diría que, lamentablemente, la vanidad es un elemento constitutivo de la personalidad de muchos artistas. Respecto a esto, creo que la ruina del artista es la vanidad. No por nada, etimológicamente, esta palabra remite a lo vano, a la apariencia de que se posee algo cuando el interior está vacío. Y sí, he conocido a muchos artistas vanidosos, vanos, que pregonan de sus grandezas y gustan de aminorar a los otros.

Distinto, por ejemplo, me parece el tener seguridad de una misma. Te contaré una anécdota. Hace unos años, en una cena familiar, un pariente me preguntó cuándo me iría yo a estabilizar. Ligeramente le respondí que así, “inestable”, es la vida del artista. Él emitió una gran carcajada y respondió: “¡Ay, por favor! ¡Artista! Artista para mí era Van Gogh, pero tú….” y siguió riéndose. Tuve que tener buen temple y seguridad en mí misma, como para responderle, calmadamente, que por fortuna Van Gogh jamás cedió ante toda esa gente que, como él, se burló de sus pinturas y trató de invalidarlo. Para este pariente, yo me estaba pavoneando de algo que no era. Para él yo estaba siendo vanidosa. Pues desde mi punto de vista, yo respondí empoderada y con confianza en mí misma, a alguien que solo intentaba anularme.

Finalmente quiero decir que he conocido a grandes e inseguros artistas, cuyo ánimo cede ante situaciones como la que acabo de describir.  Ser bueno en lo que haces no te da mayor confianza, eso depende de muchas otras cosas, algunas de ellas ligadas al tipo de infancia o adolescencia que te tocó tener.

En la actividad creativa, ¿se puede delimitar el momento en que la narración, ejercicio intelectual del artista, se convierte en poesía visceral?

La creación, el arte, es un proceso mediante el cual cada artista descubre o da rienda suelta a su lenguaje. Es algo, por ende, sumamente personal y cada persona lo vive distinto. Considero importante que no se vincule el arte ni sus procesos a los absolutos. Aquello ha hecho daño y ha bloqueado a muchas personas.

¿Cuándo se sabe que un poema ha fracasado?

La respuesta a esta pregunta es parecida a la anterior. No obstante, responderé con otra historia. Hace unos años realicé en Barcelona un Máster en Escritura Creativa en la Universidad Pompeu Fabra. Su director estaba empecinado en que todos los estudiantes escribieran de “esa” forma en que escribían sus autores favoritos. Cierta vez, un compañero de curso leyó unos poemas. El director se puso rojo y cual si fuera un padre retando a un hijo, levantó la voz como una vara y le dijo a este estudiante latinoamericano, que se “notaba” que no había comprendido nada de lo que él había enseñado; que él le había mostrado repetidas veces el tipo de escritura que debía seguir -imitar. Los poemas de mi compañero rimaban y estaban dirigidos a un público infantil. Se trataba de un universo completamente distinto a los de Vila-Matas, y los amigos de cabecera del director. Para este, los poemas de mi compañero eran un fracaso. Juzguen ustedes mismos.

¿Cómo han intervenido tus lecturas en tu poesía?

Gusto mucho de investigar tradiciones poéticas y de escribir algunos de mis poemas a partir de ellas. Por ejemplo: los cantos de trabajo, las canciones de buen parir o las canciones de cuna. Estas últimas me han fascinado particularmente y a partir de ahí,  buscando un juego entre tradición e innovación, he escrito las mías. De modo que mis lecturas enriquecen mis poemas.

Más allá de Neruda, Huidobro o Mistral, los jóvenes han empezado a frecuentar con admiración a Roberto Bolaño. ¿Qué relación tienes con la literatura de Bolaño, tanto el poeta como el narrador? ¿Vale la pena?

Me identifico con los personajes de Bolaño, apasionados de las letras e investigadores de misterios vitales y literarios. Comencé a leerlo en el colegio cuando al ganar un concurso de ortografía, me fue obsequiado su libro “Los detectives salvajes”. Luego en la universidad formé parte de un taller de crítica literaria y se publicó online una crítica mía a uno de sus libros de cuentos. A partir de esto recibí un breve mail de Roberto Bolaño agradeciendo la generosidad de mis palabras. Decía: “Espero que algún día me haga acreedor de esos elogios”. Yo le respondí emocionada y candorosa y él volvió a agradecerme. Meses después falleció.

Entonces, respecto a tu pregunta, me surge esta otra: ¿qué significa exactamente que un autor o una persona valgan la pena?

Has traducido dos obras del griego moderno, lengua que pocos literatos han visitado, ¿qué te ha dejado intelectualmente ese idioma que deriva del griego arcaico de los grandes relatos?

Las dos obras publicadas que he traducido, de Miltos Sajtouris y de Giannis Ritsos, son obras surrealistas. De ellas me ha quedado la libertad en la utilización de la palabra. Respecto al idioma griego en sí, me siento fascinada por su sonoridad característica, pero esto es algo que, por lo menos a mí, me parece intraducible al idioma español.

Hasta los momentos has publicado dos poemarios y varios textos, más bien ensayísticos, ¿en qué trabajas actualmente?

He publicado dos libros de poemas y un libro de investigación. Mi último libro de poemas, Experimentos acerca de la repetición de los días, fue publicado en 2020, si bien se presentó, dilatadamente debido a la pandemia, en 2021. Actualmente trabajo en un libro de relatos y en otro libro de poesía infanto-juvenil.

Por José del Prado

Periodista y escritor