Las universidades públicas de Afganistán reabrieron el miércoles por primera vez desde el regreso al poder de los talibanes y algunas alumnas pudieron asistir a clase, pero separadas de sus compañeros.

Hasta ahora, solo las universidades privadas habían sido autorizadas en septiembre a reanudar su actividad para hombres y mujeres, pero con clases segregadas.

“Es un momento de alegría retomar nuestras clases, pero estamos todavía preocupados de que los talibanes puedan pararlas”, declaró a AFP Zarlashta Haqmal, estudiante en derecho y ciencias políticas en la universidad de Nangarhar en Jalalabad. El miércoles, alumnos y alumnas pudieron volver a los centros públicos en seis provincias del este: Laghman, Nangarhar, Helmand, Nimroz, Farah y Kandahar.

En el resto del país las clases retomarán el 26 de febrero, indicaron las autoridades.

La reapertura de las universidades públicas, sería una buena señal para el retorno a las clases de las niñas en todo el país, indicó Andrew Watkins, experto del centro de estudio US Institute of Peace (USIP).

Para el analista este paso podría ser un “marcador crítico” para el reconocimiento internacional que busca el gobierno talibán.

En Mehtarlâm, ante el campus de la universidad de Laghman, muy pocos estudiantes se presentaron el miércoles a primera hora.

Solo un grupo de mujeres, cubiertas con un burka o un nicab, entraron durante la primera hora de clases en el campus que estaba bajo la vigilancia de combatientes talibanes armados con la bandera blanca del Emirato Islámico desplegada.

Una decena de profesores y estudiantes realizaron el trayecto hasta la universidad en minitaxis o en bus, todos vestidos con el “shalwar kameez”, la túnica tradicional afgana. La mayoría declinaron de hablar con los medios, ya que la dirección les pidió que evitaran a la prensa.

“Todo el mundo puede venir. De 8h a 12h, las clases están reservadas a mujeres y de 13h a 16h, tendrán lugar las clases para hombres”, confió un empleado de la universidad que habló bajo condición de anonimato.

Antes del regreso de los fundamentalistas al poder en agosto, hombres y mujeres estudiaban juntos.

“Por ahora tenemos poca información”, dijo Malik Samadi, estudiante de matemáticas de 23 años. “Nos han dicho que todos los cursos tendrán lugar conforme a la sharía”, la ley islámica.

La Misión de la ONU en Afganistán calificó el lunes la reanudación de las clases como un hecho “verdaderamente importante” para el país.

Esta reanudación llega poco después de las discusiones de finales de enero entre talibanes y diplomáticos occidentales en Noruega, el primer país europeo en recibir a los nuevos dirigentes islamistas. Los países occidentales condicionaron el desbloqueo de miles de millones de dólares de ayuda internacional al respeto de los derechos humanos, particularmente de las mujeres.

El gobierno actual se enfrenta a una escasez de fondos después de que tras la llegada de los talibanes al poder fueran congelados de miles de millones de dólares del banco central.

Los nuevos dirigentes aseguran haberse modernizado con relación al brutal régimen que impusieron entre 1996 y 2001, durante el cual que prohibieron toda disidencia e impusieron una draconiana interpretación de la ley islámica.

Los diplomáticos en Oslo “observaron con gran preocupación la ausencia y las limitaciones de acceso a las escuelas secundarias para niñas en muchas partes del país y subrayaron la importancia de la educación superior para las mujeres, así como las oportunidades de trabajo para las mujeres en todos los campos”.

En este sentido, acogieron con satisfacción las promesas públicas de los talibanes de que todas las mujeres y niñas puedan acceder a los colegios a los niveles cuando vuelvan a abrir en marzo en todo el país.

Sin embargo, no tardaron en reprimir nuevamente las libertades fundamentales de mujeres, imponiendo restricciones a su derecho de trabajar, educarse o viajar. La educación secundaria sigue vetada para las mujeres en la mayoría del país cuando abran estas instituciones, que los talibanes prometieron que comenzarán a funcionar a finales de marzo.

Por José del Prado

Periodista y escritor