Estanislao Medina Huesca (Malabo, 1990) está destinado a dejar una huella en la escena literaria del África en lengua hispana. De momento, es uno de los escritores más prometedores de aquel continente. A sus 31 años, ya cuenta con un recorrido literario, en el que destacan las novelas El Albino Micó (2019) y Barlock: los hijos del gran búho (2016). Es el primer narrador africano en la lista de mejores escritores jóvenes de la revista Granta en español. Sus novelas, de ambiente urbano, ilustran el vaivén de una sociedad aún desconocida por la Hispanidad.

En el mundo hispano poco se sabe de Guinea Ecuatorial, inclusive hay quienes se pueden llegar a sorprender al saber que existe un país africano donde se habla español. ¿A qué crees que se deba ese desconocimiento?

Tanto durante la época colonial como la autonómica, Guinea Ecuatorial era tratado desde la metrópoli como “materia reservada”. Parece que no gustó nada a España que las presiones internacionales cortaran los lazos con una tierra a la que llegaron, tal vez, muy tarde porque habían estado mucho más pendientes de sus posesiones en América, mientras Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Alemania entre otros, se posicionaban en África. Después de la independencia, el escenario cambió drásticamente y las relaciones entre los dos países se enfriaron sobremanera, alejando los ojos de occidente de un país que echaba a andar sin apenas conocerse. Entonces los ojos del mundo miraron a otra parte y la oscuridad y el ostracismo colectivo se apoderaron de nuestro pueblo, nuestra tierra unificada un poco a la fuerza por los españoles que, luego heridos tras la separación, archivaron su estancia en el pequeño trozo de África que había conseguido haciendo un trueque con los portugueses.

¿Y porqué no iban a mirar a otra parte? Estábamos en el grupo de los no alineados y con nuestras relaciones con países comunistas como Corea, China, Cuba y Rusia, no aparecíamos en ningún registro del occidente. Después del “Golpe de Libertad” nadie supo nada de nosotros hasta que apareció nuestro maná; el petróleo. Entonces fue cuando todos asomaron la cabeza para saber qué pasaba en el golfo de Guinea.

Eso, sumado a estar rodeados de países francófonos y anglófonos, y ocupar una pequeñísima extensión de terreno, hicieron que nuestra presencia no se notara en la comunidad hispana, más allá de los muy pocos españoles que la habían regentado y los que habían hecho vida ahí.

¿Consideras que hay escritores ecuatoguineanos que merecen mayor difusión?

No me cabe duda. No soy el mejor escritor de Guinea Ecuatorial. Ni mucho menos. Soy uno que tuvo muchísima suerte de conocer a las personas adecuadas que me permitieron salir a concurso en esta edición de Granta. La voz de la literatura guineoecuatoriana es muy rica y variada, consecuencia de nuestra extensa tradición oral que bien puede ofrecer otras perspectivas en los hispanohablantes que desconocen las entrañas de África, su gente y sus tradiciones.

La temática es diversa y los estilos bastante diferenciadores. Desde autores consagrados como Juan Tomás Ávila Laurel, Donato Ndongo o Joaquín Mbomio, hasta las nuevas voces que emergen (sobre todo de muchas mujeres) y continúan el legado de los primeros escritores de nuestro país; Trifonia Melibea, Eladio Andreu Cámara, Fumilayo Sopale, Oscar Nchaso, Juliana Mbengono, Isabel Rope, Anita Hichaicotó o el conocido por su paso por Got Talent España, César Brandon Ndjocu, por citar algunos de ellos.

Si las relaciones entre Guinea Ecuatorial y España fuesen más estrechas por el pasado común, habría más literatura nuestra paseándose por las librerías de España y, seguramente, también en Latinoamérica, igualmente por el pasado común que compartimos con varios ciudadanos de sus distintos países, envueltos en el ya sabido baile de la de la colonización.

La presencia de España en tu obra es notable, ¿reconoces, aparte de la lengua, otros lazos culturales entre España y Guinea Ecuatorial? ¿Aún hay rastro de la época colonial? ¿Qué visión se tiene de Franco en tu país?

Aparte de la lengua es notoria la influencia española en la ideología guineoecuatoriana, las influencias del franquismo en las formas de nuestro primer presidente, la expresión artística en todos sus campos, los deportes y un amplio etcétera, pues, Guinea Ecuatorial, se podría definir muchas veces como un “copia y pega” de España.

Es a través de varias infraestructuras que todavía perduran en el casco antiguo de las dos grandes ciudades donde se puede percibir claramente el pasado colonial.

Y sobre Franco, la visión de él se ha ido diluyendo en todo este tiempo y a día de hoy, poca luz puedo arrojar sobre el sentimiento que ocasionó a nuestros padres y abuelos. Es verdad que lo conocemos por su férrea y larga dictadura, pero hace mucho tiempo que se dejó de hablar de él en Guinea.

La revista literaria Granta te ha seleccionado como uno de los mejores narradores jóvenes en lengua española, ¿qué relevancia ha tenido en ti tal reconocimiento?

La relevancia se entiende desde el momento en que ustedes se ponen en contacto conmigo para esta entrevista. Llevo varios años escribiendo y publicando en España, al igual que varios de mis paisanos; tanto los que viven en Guinea, como los que lo hacen un pelín más lejos de casa. Hasta Granta, no había recibido ninguna invitación de ningún medio español para hablar de las relaciones entre España y Guinea Ecuatorial, o de mis obras. Salta a luz la relevancia de los premios de este año que han puesto la mirada, aunque sea por el efecto que suscita la particularidad de la inclusión de este pequeño país africano que, por lo visto, para los que no lo sabían, se habla, se reza, se piensa y se canta en español. Es por eso que es de agradecer a Granta por ampliar sus fronteras y permitir que se sepa un poco más de Guinea Ecuatorial. Seguramente, eso también ayudará a varios escritores de mi país a que se les preste un chinchilín más de atención.

Tus obras suelen estar atadas al contexto de tu país, lo que puede dar a pensar que tus historias son experiencias que has vivido de cerca o incluso te has vivido en primera persona, ¿qué hay de real en eso?

Hay mucho de real y, a veces, mucho de ficción; situaciones que creo partiendo de la naturaleza de los personajes que habitualmente retrato en mis historias; los guineoecuatorianos, su idiosincrasia actual. Se dice que las experiencias personales son las más reales porque no necesitan de mucha imaginación. Eso ocurre cuando creo una obra usando los elementos de mi día a día: fusiono mis experiencias, con las de los demás que viven en según qué dosis de intensidad, para crear una historia que permite que los lectores (guineoecuatorianos que conocen cómo funcionan las cosas en nuestra tierra), digan sin miedo a equivocarse: “Es verdad, eso me ha pasado. Es verdad, eso le pasó a mi primo. Es verdad, es así exactamente cómo funcionan”. Y que los que la desconocen, me diga habitualmente: “¿eso es verdad? No puedes estar hablando en serio, ¿pasa eso ahí constantemente? ¿Y qué haces en ese caso?”

Pero a todo eso, la realidad de Guinea Ecuatorial es tan intensa e interesante que necesita ser contada.

En tu novela El albino Micó, cuentas la enemistad existente entre dos etnias históricamente separadas por motivos políticos y sociales en Guinea Ecuatorial, los bubis y los fangs, ¿tú crees, a este punto de la historia, que las diferencias y los odios raciales están intrínsecamente unidas al ser humano? 

Los malentendidos interétnicos son una realidad. En el caso que nos ocupa y que parte de la historia que cuento en El albino Micó, España tiene parte de su responsabilidad por cómo se llegó a unificar la nación de Guinea Ecuatorial. Las ansias de tener “algo” propio en África le llevó a juntar a varias etnias, algunas enemistadas por siglos y otras desconocidas, con formas de pensar, vivir, rezar, sentir diferentes, a jurar ante una bandera que, sin tiempo a conocerse entre todos, echaron a “caminar en la senda de una inmensa felicidad” que realmente no existía y que ocasionó, en parte, la mala autogestión, de nuestro país, aunque afortunadamente está cada vez yendo a mejor. No nos olvidemos que tenemos apenas 52 años de independencia y tenemos un amplísimo margen de mejora.

Las diferencias y los odios raciales son parte de la naturaleza humana carente de una adecuada educación más globalizada. El ser humano se ha expandido, ha dado pasos de gigantes, pero hay cosas que todavía nos atrapan en nuestra zona animal, esa que protege a los suyos ante seres humanos desconocidos y diferentes. En este punto de la historia sabemos todos que esa parte animal sólo se cura con educación.

Tus novelas pueden catalogarse como obras íntegramente urbanas, siendo así, ¿te has planteado escribir en esa dirección o solo ha surgido desde la espontaneidad?

Surgió de la forma de narrar de los autores guineoecuatorianos que leía en mi adolescencia. A partir de ellos fui construyendo al escritor que sigo buscando en mí y la forma de ver el mundo que me rodea. Mis novelas recrean la idiosincrasia de los habitantes de Guinea Ecuatorial, tanto los que viven en ella o los que han preferido cambiar de aires por los diferentes motivos que los animan a hacerlo. Pero no es el tope al que aspiro, pues hay formas y temas más allá de Guinea que suscitan mi interés y que más adelante también abordaré.

¿Cuáles son tus mayores influencias literarias?

Mis mayores influencias literarias son generalmente autores de mi país, quienes ayudaron a definir mejor mi existencia y a comprender mucho más el entorno que me rodea. Son muchos, pero haría mención una y otra vez a Joaquín Mbomio Becheng, Donato Ndongo Biyogo, Paco Zamora Loboch, Maximiliano Ncogo, Juan Tomás Ávila Laurel, María Nsue, etc. Pero además, varios autores españoles y sus obras que tanto han marcado mi forma de crear: la cruda realidad que escribía Camilo José Cela, el naturalismo y feminismo de Pardo Bazán o la facilidad de viajar mi mente con la saga de Harry Potter de la británica J.K. Rowling, entre otros.

Luego de Barlock, El albino Micó y Suspéh, ¿qué se avecina en la obra de Estanislao Medina Huesca? 

Se avecinan varias obras; algunas de ficción, otras un poco más costumbristas y algunas que permitirán conocer mejor el punto de vista del hombre africano sumido en una encrucijada cultural, económica, religiosa e intelectual provocados por todo el proceso de colonización tan bruta que han vivido por tantos años.

El primero seguramente será el libro completo de Wanjala que estoy escribiendo junto a uno de mis colegas; Eladio Andreu Cámara, aunque no se publicará hasta el próximo año. Además de ese trabajo, queda pendiente reeditar Barlock: los hijos del gran búho, así como la publicación de su segunda parte.

Por José del Prado

Periodista y escritor