El escritor cubano Carlos Manuel Álvarez (Matanzas, 1989) es uno de los autores hispanos más destacados de su generación. Graduado de Periodismo en la Universidad de La Habana y cofundador de la revista El Estornudo, ha vivido la dictadura cubana entre libros, huelgas de hambre y detenciones. Sus libros más destacados, La tribu (2017), Los caídos (2018) y Falsa guerra (2021), su última novela, le han valido el gran reconocimiento público. Sus textos han aparecido en medios como The New York Times, The Washington Post y la BBC. Los temas de Cuba, la inmigración forzada y el béisbol son elementos centrales en su actividad creativa.

Estudiaste periodismo en la Universidad de La Habana, lo que me lleva a la paradoja de preguntar ¿qué significa estudiar una carrera como esa en un país sin libertad de expresión?

Significa asustarte. Significa cara o cruz y que esa moneda esté cinco años dando vueltas en el aire, el tiempo exagerado que dura una carrera tan mediocre, cuyo único momento transcendental —pero eso sí, verdaderamente trascendental— es el momento en que la moneda cae en la palma de la mano. No por lo que la moneda diga, puesto que se trata de la moneda de la cordura, y cualquier cosa que salga de ahí va a estar en función del susto inicial, va a alimentarlo, es decir, va a estar en función de la obediencia. Después de haber lanzado la moneda al aire, y haber esperado por cinco años que la moneda cayera, uno se da cuenta de que lo único que hay que hacer es no prestarle atención a eso, y que lo que tomó cinco años pudo resolverse en diez segundos. Ahora bien, ¿cuánta gente está dispuesta a admitir que ha perdido miserablemente el tiempo en una apuesta que siempre iba a arrojar el mismo nefasto resultado?

Casi siempre es prudente separar la obra del autor con su vida, pero en tu caso, vida y creación van de la mano, ¿tú lo ves de la misma forma?

Yo no separo vida y obra, ni la mía ni la de nadie. De hecho, se trata de cosas indisolubles. Cuando digo vida y obra no me estoy refiriendo a la manera en que la moral burguesa barata entiende tales cosas. Conciencias que, sucias por otras razones, establecen parámetros hipócritas para poder leer a un violador o a un pederasta sin embarrarse. ¡Pero si ya todo está sucio! Al violador y al pederasta hay que leerlos, tal como leemos todos los días las distintas formas del discurso fascista de la realidad.

Muchos escritores venezolanos en el exilio sienten la crisis cubana como un problema propio, del que también se sienten activistas, ¿tú ves de la misma forma a la crisis venezolana? Por otro lado, ¿crees que hace falta más solidaridad entre los intelectuales de la región?

Yo siento de la misma forma la crisis venezolana, la crisis colombiana, la crisis brasileña y la crisis mexicana. No veo por qué me tenga que importar más Venezuela que México. De hecho, no he vivido en Venezuela y en México sí. Pero en última instancia eso tampoco interesa, solo lo digo para aplicar una lógica tan positivista como la lógica que disecciona el drama latinoamericano de acuerdo a conflictos este-oeste, cuando se trata de la única dirección en la que Latinoamérica jamás va a moverse. Miremos el mapa. El mapa no engaña. ¿Esa masa de tierra cómo corre? De arriba abajo, de abajo arriba. También veo de igual forma la crisis gringa, porque todo es exactamente la misma crisis, lo que Achille Mbembe llama «el devenir negro del mundo».

A lo largo del siglo XX, muchos intelectuales de todo el mundo vieron con simpatía al régimen de Fidel Castro, ¿crees que eso ha cambiado? ¿El régimen se ha vuelto impopular fuera de Cuba?

Yo creo que sí. Es más impopular que antes, pero menos que lo que debería.

Los organismos internacionales han permitido una dictadura por más de 60 años, ¿es el momento de hablar sobre su inexorable inutilidad?

El momento de hablar sobre su inexorable inutilidad ya pasó. Los cuerpos en Cuba salieron a la calle y todo lo que podemos decir en lo adelante tiene que hablarse en ese lenguaje.

El tema de Cuba es central en tu obra, ¿crees que fue lo que impulsó tu vocación de escritor y periodista?

Mi vocación es el esfuerzo y, de un tiempo a esta parte, el cansancio. Cuba es un accidente y la escritura también. El esfuerzo y el cansancio no lo son.

Crees que el periodismo se está comiendo a la literatura, como opinan muchos o es al revés, ¿la literatura está incorporando elemento del periodismo? Por otro lado, ¿cómo ves tú este fenómeno de textos cada vez más híbridos?

¿Hay cada vez textos más híbridos? Ojalá así fuera. Los textos híbridos son escasos, lo que hay es falta de imaginación disfrazada de cruce de géneros, un uso literal de la palabra.

¿Cuáles son tus referentes literarios?

Los muertos que parecen vivos y los vivos que parecen muertos.

¿Cómo ves la literatura en español en la actualidad? ¿Qué relación tienes con los escritores posteriores al boom latinoamericano?

No sé, son preguntas amplias, no he leído lo suficiente como para arrojar ideas sobre esos asuntos, que tampoco sé muy bien lo que significan. La literatura no es tan extensa como para acoger a todos los que dicen practicarla ni tan estrecha como establecen los cánones. Su abundancia es huidiza, no es algo que se desborde. Con los escritores posteriores al boom me llevo bien, y con los anteriores también, y con los laterales.  Los escritores del boom me dan un poco de ternura, se creen más importantes de lo que son.

¿Te sientes ajeno a algún tipo de literatura?

No creo, lo que me gusta y lo que no me gusta está a la misma distancia de mí, y me incide de la misma manera lo que conozco y lo que no.

¿Béisbol y literatura son compatibles?

Sí, por supuesto. El béisbol es texto, como todo, y ambas disciplinas son formas de acceder a un misterio que en la medida en que se ejecuta se desvanece.

Este año has sido reconocido por la revista Granta como uno de los mejores escritores jóvenes en lengua hispana, ¿cómo te tomaste este reconocimiento?

Con alegría. Me agarró igual en el momento más duro de una depresión que todavía no termina, así que agradezco la satisfacción gratuita y la candorosa vanidad que ese tipo de listas generan en quienes estamos incluidos en ellas.

¿Qué tienes pensado publicar próximamente?

Nada, no tengo prisa ninguna, que es algo que tuve hasta Falsa guerra. Eso de repente desapareció, afortunadamente. He publicado tres libros en cuatros años, una cifra indecente.

 

Por José del Prado

Periodista y escritor