La escritora mexicana Aniela Rodríguez (Chihuahua, 1992) se ha ido ganando un lugar prominente dentro del panorama literario en la Hispanoamérica de los últimos años. La autora obtuvo el Premio Chihuahua de Literatura en 2013 por El confeccionador de deseos y el Premio Nacional de Cuento Joven Comala por El problema de los tres cuerpos (2016), sus dos obras más notables. En ambas colecciones de cuentos, Aniela aborda el tema de la violencia en México, ilustrado desde diferentes perspectivas. Su narrativa, avivada con el lenguaje popular mexicano, va desde lo áspero hasta lo humorístico. En 2021 fue seleccionada por la revista Granta como una de los 25 mejores escritores jóvenes en español.

¿Cómo tomaste la selección de la revista Granta en la que has sido incluida como una de las voces más prometedores en lengua española?

Primero que nada, fueron meses de mucha ansiedad; yo conocía la noticia desde mediados de 2020, pero no podía hablar hasta el anuncio oficial. Por supuesto, cuando Valerie Miles (editora de Granta en Español) me contactó, me tomó por sorpresa; no entendí la magnitud de estar dentro de esta lista hasta mucho tiempo después, cuando todo iba tomando más forma. No me la creía del todo, y para ser sincera, sigo sin creérmela. Pero estoy muy feliz de ser parte de ella; creo que, aunque toda lista es arbitraria, y siempre hay más gente que falta de incluir en éstas, un reconocimiento tan grande nunca viene mal. Sobre todo, estoy emocionada por entender que esto es una plataforma muy importante de difusión del trabajo de escritores de mi generación, y representa un impulso que nunca pensé que vendría. Además, justo en aquel momento estaba muy clavada en la obra de Rodrigo Fresán, y asimilar que uno de mis autores favoritos en español había leído mis cuentos fue algo que en la vida habría esperado.

¿Cómo definirías tu obra, bajo tu propia perspectiva?

Por lo menos para mí, es muy complicado definir de forma concreta cuál es mi estilo. Creo que desde que comencé a escribir, he estado en una búsqueda que aún no termina; sin embargo, mis inclinaciones están en retratar las distintas manifestaciones de la violencia y el dolor. Hablo de precariedad y de lo sórdido; de la vulnerabilidad y la ruptura del hombre ante el embiste de lo que no es capaz de comprender. Más allá de identificarme con géneros como el realismo o el noir, trato de tomar elementos de distintas tradiciones literarias para darle a mis historias el tono que merecen; todo esto, a partir de un lenguaje que combina el habla cotidiana con imágenes poéticas.

¿Crees que tu obra es una literatura comprometida?

Trato de alejarme mucho del lugar común de lo panfletario, pero una de mis mayores inquietudes es retratar situaciones (sobre todo dentro de mi país) que me incomodan o me duelen: los feminicidios, el narcotráfico, los fanatismos… cuando escribo, lo hago tratando de entender un poco mejor el mundo que me rodea. Muchas veces no lo logro, pero para mí escribir es una forma de acercarse a aquello que no comprendemos.

¿Cuánto influyó en ti la literatura mexicana y el contexto social de tu país?

Muchísimo. Empecé leyendo a Rulfo desde muy pequeña, y aunque no lo entendía del todo entonces, sí me impactó esa forma tan precisa de narrar el dolor y el abandono de una forma tan precisa. Trato de leer autores mexicanos constantemente, sobre todo escritores vivos, de los que aprendo muchísimo; para mí, es fundamental saber qué se está escribiendo en el aquí y en el ahora, saber qué es lo que nos preocupa, cuáles las propuestas estilísticas de los demás. Me maravilla saber que en México estamos llenos de buenas historias.

Ahora, en el tema del contexto, siempre ha sido la columna vertebral de mi escritura. Nací y crecí en el norte de México; viví mis años de juventud en una ciudad donde, por el simple hecho de estar en el lugar y momento equivocados, tu vida estaba en juego. Donde, además, ser mujer y ser joven era una segunda amenaza de muerte. Una ciudad donde mi padre fue policía por muchos años, y me tocó crecer viendo cómo uno a uno, sus amigos desaparecían: torturados, acribillados, asesinados por la violencia. ¿Cómo cerrar los ojos ante todo esto? No podía quedarme quieta. Escribir fue el bálsamo que me ayudó a sanar este dolor.

En cuanto a la literatura en general, empezaste con cuentos de Edgar Allan Poe, luego con poemas de Baudelaire, ¿cuál sería, en todo caso, tu canon literario?

Cuando me preguntan cuál es mi canción o mi película favoritas, nunca sé cómo contestar. Lo mismo me pasa con la literatura: creo que estamos en un momento en el que, justamente, lo que necesitamos es romper con el canon; decirle adiós a las ataduras de las tradiciones y los géneros (que creo que pueden ser un arma de doble filo) y comenzar a crear desde la libertad. El lugar más cómodo que encuentro para escribir es el que me dictan mis historias; he transitado por lugares como el horror, la ciencia ficción, el suspense o el noir. No me atrevería a quedarme con uno solo: soy feliz navegando a donde que mis personajes y mis anécdotas son capaces de llevarme.

¿Qué relación tienes con la poesía?

Soy fanática de la poesía, sobre todo de autores como Emily Dickinson (a quien estoy releyendo después de muchos años), Anne Carson o T.S. Eliot. En mi narrativa aparecen muchos truquitos propios de la poesía, porque es algo de lo que nunca podré separarme, aunque mi otra cara, la de poeta, es algo que no presumo mucho; quizás porque todavía siento que mis poemas tienen una pata de donde cojean, una que no estoy segura poder curar en algún momento de mi vida. Pero es ese rincón de la literatura al que siempre vuelvo; el primer libro que publiqué, hace siete años, fue de poesía, y justo ahora trabajo en uno nuevo.

¿Tienes listas negras? Literatura que no te gusta…

Creo que el gusto es un tema totalmente subjetivo y que tiene que ver con nuestros juicios morales y nuestras experiencias como personas, por lo tanto, no tengo una lista negra de ficción como tal: entiendo que estoy sesgada por mis preferencias, por mi formación, etcétera. Sin embargo, algo que personalmente no tolero es la superación personal; me parece una forma terrible de lucrar con la salud mental de la gente.

¿Consideras publicar algo próximamente?

Sí, dejé un buen rato las publicaciones por un bloqueo muy fuerte que tuve por un par de años. Pero ahora estoy preparando una novela y un libro de cuentos, ambos relacionados con el tema de la violencia en México. Tengo algunos proyectos más por ahí en los archivos de mi computadora, pero me lo tomo con calma; la prisa es una religión en la que no creo. Prefiero darme mi tiempo para preparar algo con lo que esté totalmente conforme.

Por José del Prado

Periodista y escritor